Uno de los entornos en lo que comúnmente encontramos erróneos diagnósticos de TDA-H es en niños adoptados, sobre todo en niños de adopción internacional que han llegado a sus familias después de los tres o cuatro años de edad.

Debemos tener claro cuales pueden ser algunas de las razones por las que el niño posiblemente tenga dificultad para centrar la atención:

1. Un niño que llega a una nueva familia no va a poder dar prioridad a su atención en actividades como las escolares porque tiene dos principales intereses que resolver primero:
– Desarrollar un vínculo afectivo con su familia
– Asimilar todos los estímulos nuevos a los que acaba de enfrentar

Para consolidar un buen vínculo con su familia, tiene que sentirse seguro en su ambiente, pasar mucho tiempo con ellos, jugando, empezando a comprender el funcionamiento de la familia y alguna de sus normas de convivencia. Después, comenzará a relacionarse con otras personas de su entorno (familia extensa, amigos, vecinos…) y cuando ya se sienta seguro en casa, podrá comenzar a desarrollar estos vínculos en el colegio.
Además, tenemos que tener en cuenta que el niño ya tiene unas experiencias vividas (la mochila de la que siempre hablamos en adopción), y posiblemente tenga que encontrar un hueco para guardar a su nueva familia, y en muchas ocasiones, primero encontrar otro hueco donde situar a su familia biológica.
Los nuevos estímulos que de pronto se han presentado en su vida le llaman la atención, y seguramente le encantaran, pero es un exceso de información por el que a veces se sentirá saturado; No solo es una nueva familia en una nueva casa, también es un nuevo idioma, nuevas caras a diario, nuevas comidas, nuevas costumbres, nuevos juguetes…Todo ello le genera curiosidad y alegría, por lo que a veces es demasiado impaciente, nervioso y movido, y otras veces, se siente cansado de aprender e incorporar tanta información a su nueva vida, y deja de prestar atención.

2. Una vez empieza a asistir al colegio, debemos tener paciencia, dejarle tiempo, ayudarle y comprenderle, sin dejar de observar su adaptación, su relación con los compañeros y su motivación.

Es lógico que al principio le cueste más trabajo alcanzar el ritmo de la clase, cuando además suele existir retraso académico. Primero necesitará sentirse seguro, comprendido y a gusto en este nuevo espacio. Sin embargo, debemos tener en cuenta que, aunque su intención sea buena, no siempre consiga mantener la atención en la actividad. Antes de pensar directamente en TDA-H, habrá que valorar si es debido a una falta de hábito: es probable que nunca antes haya estado escolarizado. No tenga la costumbre de sus compañeros de mantenerse sentado, escuchando las instrucciones del profesor. La atención también es un hábito, por tanto, deberemos enseñarle en primer lugar simplemente a atender.

3. El paso a Primaria.

Cuando ya parece que el niño ha superado el desnivel académico, se relaciona con normalidad con sus compañeros, es obediente, realiza las tareas y obtiene buenos resultados, resulta que llega Educación Primaria y pasadas unas semanas, el profesor nos informa de la falta de atención del niño.
Uno de los motivos puede ser preocupación por algún asunto personal, que no se sienta integrado en el grupo, que tenga alguna inseguridad (miedo al abandono al separarse más horas de su familia). Seguramente sea un problema pasajero que podremos solucionar a tiempo, con ayuda y trabajo a su lado.
Pero sin duda, el motivo por el que estas conductas se repiten con mayor frecuencia suele ser consecuencia de un problema de lenguaje, especialmente si han tenido que incorporar un idioma nuevo.
Suele sorprendernos que esa sea la razón por la que estén surgiendo problemas, porque nos ha fascinado la rapidez con la que aprendieron el idioma, pero el lenguaje no solo consiste en comunicarse. Un niño necesita aproximadamente un año y medio para aprender un nuevo idioma, integrarlo y saber manejarlo con destreza. Y es en Primaria cuando comienza hacerse un uso mucho más preciso del lenguaje. Será una primera herramienta básica para continuar aprendiendo, solo en la asignatura de lengua, sino en todas.
Esta dificultad hará que se frustre y acabe perdiendo interés. Su atención y motivación acabarán siendo negativas. A veces necesitará comportarse en clase de alguna manera diferente para sentirse atendido por el profesor y sus compañeros.
Es lógico, que las dificultades de aprendizaje acaben ocasionando problemas de conducta, pues es la manera de manifestar su incomprensión, su desmotivación y su falta de autoestima.
Por tanto, si no estamos pendientes de esta importante transición, estamos colocando los cimientos sobre una base inestable

Con todo esto, no pretendo afirmar que ningún niño adoptado pueda ser diagnosticado de TDA-H. Por supuesto, también existe una posibilidad de que pueda serlo, de hecho hay muchos casos. Pero sobre todo en el período de adaptación, no debemos aventurarnos en diagnosticarlo precipitadamente.
Ya sea un TDA-H, un problema de lenguaje o cualquiera de los mencionados, los profesionales, maestros y padres, deben ser conscientes del esfuerzo que supone para el niño, y de la comprensión y ayuda que necesita para evitar que repercuta en su autoestima.
Todos debemos trabajar en equipo y el niño logrará superar esas dificultades, incluso si está apropiadamente diagnosticado de TDA-H.

Elena Pueyo